Biografía
Empecé a hacer teatro cuando tenía ocho años, en la asociación de vecinos de mi barrio. En octavo de E.G.B., mi padre me borró de las clases de interpretación por suspender matemáticas. Al cumplir los dieciocho retomé las clases de teatro en una escuela privada de Valencia, y a los 23 conseguí mi primer trabajo profesional. Sin abandonar la profesión de actriz, empecé a interesarme por la dramaturgia contemporánea.

En 2009, me fui a viajar seis meses por Perú. Por aquel entonces estaba trabajando en la adaptación teatral de una fábula de Alejandro Jodorowsky: Albina y los hombres-perro. La historia se desarrollaba en un pueblo llamado Camiña, que no tenía muy claro si existía realmente o si solo formaba parte del imaginario del autor.
Una vez en Perú, descubrí que Camiña era una comunidad del norte de Chile, así que decidí continuar mi viaje bajando desde Lima hasta Camiña por la costa.

Durante el viaje, continué trabajando en la adaptación; escribía en mi diario y grababa entrevistas a las personas que iba conociendo, con la intención de usar aquel material como referencia para la futura puesta en escena de la pieza. 
A la vuelta, mi amigo dramaturgo Xavi Puchades me ayudó a ver el valor de esos materiales documentales y me animó a dejar de lado la fábula de Jodorowsky para llevar a escena mi propio viaje.

Aquellas experiencias vividas, los encuentros y los documentos recogidos acabaron convirtiéndose en la base de mi primera pieza de teatro documental autobiográfico: Hara (2010).

Desde entonces, ese lenguaje ha ido tomando distintas formas en mis creaciones.
En La Onironauta, el viaje por Latinoamérica continuó en busca de comunidades vinculadas a la interpretación de los sueños. En Homenaje a una desconocida, la investigación partió de unas cartas encontradas en un mercadillo de Valencia y dio lugar a un proceso en el que la vida de la protagonista se entrelazó profundamente con la mía. Más tarde, en La Caja: Donde la Realidad Pierde sus Límites, el trabajo se centró en el universo de la salud mental, combinando materiales documentales, experiencias personales y una puesta en escena que dialoga con la instalación y el archivo.
Con el tiempo, esta forma de trabajar se ha ido abriendo a otros formatos, a través de proyectos de mediación artística como Meciendo mi locura o Hacer memoria. Donde el proceso escénico se expande, generando espacios de creación colectiva en torno a personas y realidades que normalmente quedan fuera del foco.

Actualmente estoy desarrollando Tiempo de tierra, una nueva pieza de teatro documental que nace de mi convivencia con una comunidad de mujeres a orillas del lago Titicaca, en Perú, y que se despliega en un trabajo de investigación con mujeres rurales del territorio valenciano y del valle de Aezkoa, en Navarra. En este proyecto continúo con mi práctica en el teatro documental poniendo en diálogo lo vivido y lo documentado dentro de un mismo dispositivo escénico.